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La transferencia en el espacio terapéutico

La transferencia es un concepto psicoanalítico que inventó Freud. El siendo el padre del Psicoanálisis, pudo detectar que se jugaban cuestiones eróticas y sentimentales en la relación paciente – analista. Dichos juegos emocionales por parte de ambos, tendrían efectos positivos o negativos en el espacio terapéutico.





Por lo tanto, Freud indicó en 1912, que la transferencia servía para poder dar un organigrama a la situación analítica del paciente; permitiendo la asociación libre y dando paso a que empiece el análisis. A su vez, Lacan en 1934 dice que el lugar analítico permite la transferencia e interpretación del discurso del analizante.


Siendo uno de los pilares fundamentales para los tratamientos psicoanalíticos, la transferencia “se reconoce clásicamente como el terreno en el que se desarrolla la problemática de una cura psicoanalítica, caracterizándose ésta por la instauración, modalidades, interpretación y resolución de la transferencia.” (Lacan, 1971) Es decir, que la transferencia en el espacio terapéutico, brinda la posibilidad de la cura ya que el paciente puede tener la instauración del analista en su inconsciente; que es cuando toca desde adentro. Las modalidades de como se recepta una interpretación del analista y como se manejen estas emociones o sentimientos que se juegan dentro de la escena analítica.


No obstante, la transferencia es aquella garantía que tiene el paciente acerca de su tratamiento personalizado y de las interpretaciones que pueda sacar el analista sobre los dichos que emita el analizante. Dicha interpretación le da prioridad al deseo, más no a la demanda que trae el sujeto a análisis. No fijando su atención a lo que dice, sino a aquello que no puede decir.


El accionar de un analista, es encontrar las fugas del inconsciente, las cuales pueden ser: equívocos, chistes, confusiones, rectificaciones sobre lo dicho, entre otras. La aparición del inconsciente del sujeto en sesión, es un instante. Por lo cual se lo aprovecha al máximo y se interpreta desde la transferencia. Aquella que es dirigida y guiada por el amor.


El amor que se menciona no es un amor romántico, todo lo contrario. El amor que se le tiene al Otro (analista), es un amor a su saber. Por ejemplo: con el hecho de pensar “él puede ayudarme”, “él parece inteligente”, “él habla muy bien y creo que me puede entender”; se convierte en el primer paso y también es una clase de amor porque Otro puede ayudarte con el problema, la duda, la incertidumbre que tengas.


Donde los imagos de la infancia hacen de las suyas, reactivándose cuando aparece un analista que recuerda a un personaje de la historia infantil del sujeto. Generalmente uno que ha sido digno de admiración y el cual se ha encargado de poder ser Otro, es decir, alguien el cual impartía significantes que ayuden a crear el discurso del paciente. Es también, una reactivación de amor inconsciente.


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